Estoy en contra de los exámenes departamentales porque históricamente han demostrado su fracaso, y las pruebas están a la vista: estamos reprobados a nivel mundial en matemáticas y los índices de reprobación en esta asignatura son altísimos, situación que incide en los altos niveles de deserción escolar.
Además los departamentales propician la memorización a ciegas, dividen y ponen a competir entre sí a los estudiantes, cuando su actividad debería ser solidaria y compartida, ya que este es el origen del conocimiento: social.
Este tipo de evaluación estandarizada es excluyente, no toma en cuenta que cada persona tiene un desarrollo y un tiempo que le son propios. Iguala artificialmente lo que de origen social y cultural es diferente. Y por si fuera poco, como parte del concepto de que la gente hace trampa, realiza las pruebas a la misma hora, para todos -otra vez lo estándar-, quitando horas de clase a otras asignaturas y disminuyendo la calidad de la educación impartida.
Me parece que es fundamental partir de un concepto de evaluación más complejo y permanente, que no cuelgue los procesos académicos de un solo examen. Una evaluación cualitativa, diferenciada, continua. En donde el examen en sí mismo no sea un fin, sino sólo un medio para alcanzar el desarrollo integral de los estudiantes.
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