martes, 10 de marzo de 2009

Calidad de la educación











De qué calidad de la educación hablamos cuando muchos maestros, de áreas clave como Matemáticas, Expresión oral y escrita, Inglés, y otras más están saturados de clases y de grupos. Cómo puede tener un rendimiento óptimo un profesor que tiene que atender entre 200 y 300 alumnos, ¿puede evaluarlos a conciencia?; si de una plaza laboral de treinta horas tiene 28 frente a grupo ¿a qué hora prepara sus clases? ¿qué tiempo tiene para reflexionar acerca de su trabajo? Además, hay que sumar la inseguridad laboral en que se encuentran los profesores que cubren interinatos y que en cualquier momento pueden ser relevados.

Una verdadera Reforma, una verdadera alianza por la calidad educativa, debe partir, más que de condiciones discursivas planteadas en el terreno de lo irreal, de considerar las implicaciones salariales, las condiciones de trabajo del personal docente, administrativo y de apoyo, de invertir en infraestructura, de buscar capacitación profesional de alto nivel -y no cursos "patito"-, y de democratizar el enorme aparato burocrático sindical y directivo.


Esto conformaría una base sólida para llevar adelante una verdadera reforma didáctico pedagógica, plural y consensada desde la base docente, con amplia participación. Reforma no vertical ni autoritaria ni de coyuntura. Reforma que esté anclada en nuestro amplio pasado pedagógico, en donde no estemos sometidos a la moda mercantil mundial, a los dictados unilaterales desde la OCDE o al Banco Mundial.

Sólo entonces estaremos hablando de una verdadera Reforma educativa, de una auténtica alianza para la calidad de la educación. Por mientras se trata sólo de medidas cosméticas que no van a fondo, sin políticas integrales e integradoras, sin proyecto claro, académico, democrático.


Y sin embargo, el magisterio sigue trabajando, a pesar de todo, pensando en el futuro de las jóvenes generaciones.

lunes, 9 de marzo de 2009

Exámenes departamentales

Estoy en contra de los exámenes departamentales porque históricamente han demostrado su fracaso, y las pruebas están a la vista: estamos reprobados a nivel mundial en matemáticas y los índices de reprobación en esta asignatura son altísimos, situación que incide en los altos niveles de deserción escolar.

Además los departamentales propician la memorización a ciegas, dividen y ponen a competir entre sí a los estudiantes, cuando su actividad debería ser solidaria y compartida, ya que este es el origen del conocimiento: social.

Este tipo de evaluación estandarizada es excluyente, no toma en cuenta que cada persona tiene un desarrollo y un tiempo que le son propios. Iguala artificialmente lo que de origen social y cultural es diferente. Y por si fuera poco, como parte del concepto de que la gente hace trampa, realiza las pruebas a la misma hora, para todos -otra vez lo estándar-, quitando horas de clase a otras asignaturas y disminuyendo la calidad de la educación impartida.

Me parece que es fundamental partir de un concepto de evaluación más complejo y permanente, que no cuelgue los procesos académicos de un solo examen. Una evaluación cualitativa, diferenciada, continua. En donde el examen en sí mismo no sea un fin, sino sólo un medio para alcanzar el desarrollo integral de los estudiantes.